jueves, 26 de abril de 2007

El agua...

Muchas veces miramos a las cosas sin darnos cuenta de lo que significan, de lo que evocan en nuestra mente, de los recuerdos que sin querer se arremolinan en nuestra cabecita y giran sin cesar, dan vueltas y vueltas sin dejar rastro y significándolo todo al mismo tiempo. Como el agua, el agua me hace sentir paz y tranquilidad, apacigua mi ansiedad y calma mis pensamientos, otorga un ritmo pausado y continuo a los latidos de mi corazón. El agua se desliza sin pensar en las consecuencias de su corriente, el camino siempre seguro del agua me relaja, tal vez porque pienso que posiblemente algún día yo pueda encontrar un camino tan claro y marcado como el curso del río. Pero, entonces me pregunto, ¿no sería aburrido? ¿no es lo más bonito de la vida el no saber qué viene después, el ir descubirendo poco a poco qué hay para nosotros en este mundo que nos ha tocado vivir?.

En los rincones de Galicia se esconden maravillas acuáticas del mismo modo que en nuestros rincones se esconden maravillas que algún día alguien conseguirá descubrir. El agua es sólo un reflejo de que todo tiene un destino, ya sea conocido o no. Miro al Miño desde mi ventana y me pregunto cómo ese espejo cristalino que parece estancado en el tiempo posee años de historia y vivencias en su cuenca, cómo es posible que ese manto de terciopelo transparente albergue tanta vida en su interior y que su ronronear constante sea capaz de calmar mi inquietud, sea capaz de abstraerme de tal manera que pierda la noción del tiempo mientras espero que algo dé sentido a ese tiempo que dedico a esperar que pase algo, y es que todo el tiempo pasa algo, el problema es que mientras esperamos a que pase están pasando millones de cosas que nos estamos perdiendo. Hagamos, pues como el agua, sigamos el camino aunque no sepamos a dónde nos lleva.

Foto de mi padre.

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