Estoy sola en casa, bueno, con mi perra que duerme apaciblemente en el sofá contiguo al mío, tan apacible que sus profundos ronquidos parecen la más celestial y elaborada de las melodías. Entonces me descubro bajando el sonido de la televisión, ni si quiera había pensado en hacerlo, pero lo he hecho, y es que nuestra vida está llena de actos reflejos, de respuestas a estímulos que llevamos a cabo sin que nuestra mente tenga tiempo de informarnos "oye, qué ha pasado esto, así que tú, inconscientemente, has decidido hacer lo otro". Bueno, da igual, el caso es que lo he hecho, y el darme cuenta de que lo hacía sin pensar en hacerlo, me ha hecho pensar en lo importantes que son los sonidos en nuestra vida diaria, en cómo influyen en nuestros actos, en nuestra concentración, en nuestras decisiones, en nuestro estado de ánimo... Pero claro, si los sonidos son importantes, ¿no lo es entonces la ausencia de ellos, el más absoluto silencio....? En silencio os dejo para no molestaros con el ruido atroz de las palabras, porque a veces el sonido que nos anuncia su llegada es más importantes que las palabras en sí mismas... Ese simple "sonidito" que dice "alguien quiere hablarte" o "alguien te ha escrito algo" es suficiente para que en tu cara se dibuje una sonrisa, es suficiente para que los latidos de tu corazón vuelvan a su ritmo constante sin aceleracionos o pausas innecesarias, sin pensamientos extraños.
Es que los sonidos son.... eso, son.... en sí mismos, sin explicación, y nuestra mente les da un significado que evoca un sentimiento en nostros que depende del momento del sonido y de la intensidad del mismo. Y de la intensidad con la que conscientemente esperamos "ese sonido", porque su ausencia durante esos breves/largos minutos en los que lo único que hacemos (mientras tratamos de hacer millones de cosas) es esperar a que se produzca el sonido, produce una angustia inexplicable. Una sensación de desasosiego, que no siempre tristeza, incontrolable, pero el sonido, sólo el sonido, acallará ese desasosiego, incluso antes de que las palabras alcancen nuestra mente, incluso antes de que las palabras digan todo aquello que queremos oír. Antes de todo eso el sonido ya nos ha dicho que eso está ahí... Primero el sonido después la voz....
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